Ahora que ha finalizado el plazo de declaraciones trimestrales, mensuales e informativas, siempre tengo un dicho que traslado a mis clientes: “Nunca llames a la puerta de Hacienda, porque te la van a abrir gentilmente, y una vez dentro, no sabrás lo que te vas a encontrar”.
Y en este punto siempre me acuerdo de una viñeta en la que un Inspector de Hacienda llama a la puerta de un contribuyente. Éste, amablemente, le dice: “Pase, pase, está usted en su casa”; y el inspector responde: “No lo dude”.
Y ¿cómo podemos evitar llamar a la puerta de Hacienda? Voy a hablar desde el punto de vista formal, más que desde el punto de vista del fondo del negocio, que es otro cantar. Dos ideas.
1. Verificar que los datos fiscales que tienen que cuadrar, cuadren
A título de ejemplo, un modelo 190 que refleja unos gastos de personal que no coinciden con los contabilizados; un 390 que refleja unas bases sujetas y no exentas de IVA, no coincidentes con los ingresos registrados que también suponen un devengo de IVA. Discrepancias, requerimiento, llamando a la puerta de Hacienda.
2. Cotejar con terceros lo que declaran de ti
Cotejar con clientes o proveedores lo que ellos declaran de ti, e intentar solventar, en los plazos de declaración de los modelos a presentar —por ejemplo el 347—, el porqué de las diferencias.
Ahora bien, si nuestros datos son los correctos, y así lo podemos justificar, no hay que adecuarse a lo que diga la contraparte, porque en caso de que se nos solicite aclaración por Hacienda, tenemos que tener claro que tenemos razón. En ocasiones, una factura emitida por nosotros en un año, se contabiliza por el cliente en el año siguiente —alternativa factible—, pero lo declara en el 347 del año siguiente, y ahí viene la incorrección. Pero lo correcto es lo nuestro. Quien llama a la puerta de Hacienda por nosotros es el vecino, y no lo podemos evitar.
En definitiva, las incoherencias formales son muchas veces las que provocan que sea Hacienda la que conteste a nuestra llamada a su puerta, aunque a veces provocada por la contraparte; pero evitemos llamar, y evitaremos que nos llamen.